En la casa de mi abuela hay un cuarto con llave. Nadie entra allí.
En ese cuarto hay un diván, y en el diván hay un antiguo baúl de pino con esquinas de hierro cerrado con candado.
Hace diez años que encontré ese baúl y lo restauré. Fue un trabajo que me tomo una o dos semanas ya que estaba bastante deteriorado pero al final el resultado fue impecable. Al terminar la labor comencé a llenarlo con los recuerdos más privados que tengo.
Nunca he hablado de ese baúl y ha sido tan misterioso para quienes lo han visto que una vez una amiga mencionó en público ante un micrófono que una de las cosas que más le interesaban era saber qué había adentro. Tampoco se lo he enseñado a nadie.
Hoy después de diez años volví a abrirlo y vaciarlo por completo.
No lo revisé con detalle como hubiera querido, supongo que eso lo haré dentro de unos diez años más. Pero alcancé a darle un vistazo a una enorme cantidad de objetos que remembraban a persona que en un entonces fui.
El que yo haya llegado donde estoy y sea como soy, es en gran parte gracias a lo que está dentro de ese baúl. Es como la muda de piel invisible que da testimonio de la evolución de una vida.
Encontré fotos de los primeros viajes que hice, imágenes que había olvidado por completo, mis primeras fotos, desenfocadas, veladas, torcidas, borrosas, sobreexpuestas, pero mis primeras fotos al fin y al cabo. Caminando y conociendo por primera vez lugares que me eran desconocidos.
Encontré escritos llenos de ilusión que hablaban de la persona que quisiera ser años mas adelante. Encontré confesiones de pena por estar en un mundo difícil de cambiar, mis propios testimonios de que el futuro sería diferente para mi. Encontré muchas fantasías de lo que me gustaría ser y hacer en el futuro… pero en aquel entonces lo escribía con frustración ya que no había comenzado a andar por ese camino que me prometí a mi mismo.
Encontré cartas de personas a las que amé, que en su momento lo fueron todo para mí y ahora apenas aparecen en mis recuerdos diarios. Todo eso me hizo pensar en que somos seres que se transforman, evolucionan, cambian y que es muy difícil hacerse promesas que puedan durar demasiado tiempo. Porque nuestra propia naturaleza es cambiante y porque todo tiene un ciclo vital. Somos seres vivos y lo vital no es eterno.
Encontré también polillas, bichos y gusanos.
Por suerte ahora estuve para limpiarlo todo pero pienso también que un día no estaré y los gusanos sí. Que todos esos recuerdos se harán polvo y mis huesos también junto con ellos. Da lástima pensarlo.
Honestamente no me gusta vivir del pasado, soy el tipo de persona que tiene más la mente en el presente que en en ayer. Pero si me gusta conservar los recuerdos para momentos como este, en los que doy un vistazo a las cosas que pasaron para predecir y proyectar mi futuro. Para no cometer los mismos errores. Para mejorar y por sobre todas las cosas, para encontrarme en el ahora. Me gustaría que muchas cosas fueran como ayer, pero sé que serán mejor mañana y eso resulta muy motivador.
Me gusta viajar y aprender cosas nuevas porque así renuevo mi curiosidad y motivación, por eso cada día de mi vida contiene una enorme emoción por saber qué es lo que vendrá. Los días no son iguales.
El hoy es todo lo que tengo. El hoy es todo lo que importa.



Muchas veces lo más interesante de los viajes es aquello que no se cuenta ni se muestra. En vista de que todos hablan de lo mismo aqui encontrarás la otra cara de los viajes.
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“El que yo haya llegado donde estoy y sea como soy, es en gran parte gracias a lo que está dentro de ese baúl”.
Siento que esta vez lo que escribís no habla de tu entorno (de lo exterior) sino que habla de vos, de quién sos como persona, de tu interior.
De tu capacidad de conservar, restaurar, sanar, renovar… abrir y vaciar sin mirar con demasiado detalle… de proteger lo que es importante para vos de la mirada del mundo exterior… de guardar secretos… de dar significados emotivos a cosas mundanas como un viejo baúl de madera…
De recordar y en base a esos recuerdos construir una memoria sobre la cual proyectarse hacia el futuro y compararse en el presente… de aceptar que la vida es cambio en movimiento… de observarte, autovalorarte, autocriticarte y superarte…
Capacidad de atesorar. Capacidad de amar. En definitiva, capacidad de conectarte con los sentimientos…. En ese baúl llamado “Nelson Mochilero”…